Mea Culpa: Episodios que deberían cambiar su lenguaje si se emitieran hoy

Mea Culpa es uno de los programas más populares en Chile. El estreno de su primer episodio fue el 2 de junio de 1993 y alcanzó tal éxito que los llevó a emitir trece temporadas. Teniendo su última producción en 2009.

Con recreaciones de homicidios y los crímenes más macabros de la historia policial chilena, Mea Culpa se convirtió en un hit de sintonía y morbo. Sin contar por supuesto las atrocidades de la dictadura. 

En los inicios del programa, éste comenzaba con la introducción de la periodista Cecilia Serrano en un estudio televisivo para luego dar paso a la recreación de la historia que se conectaba con el testimonio de testigos, víctimas y también de los homicidas o acusados para finalmente cerrar con una mesa de debate entre Cecilia, psicólogos u otros expertos y claro con Carlos Pinto, su director.

Como era de esperar, esta estructura fue cambiando conforme avanzaban las temporadas hasta llegar a la versión más conocida del programa. Siendo desde siempre un éxito de audiencia en una época gris de nuestro país. 

Con la obsesión propia de nuestra generación, hicimos un recorrido completo por Mea Culpa para conocer más historias terribles, machos femicidas, abusos, traiciones por dinero y más relatos de impacto. Aunque nuestra sorpresa fue mayor cuando comenzamos a detenernos en el lenguaje empleado por los periodistas de este famoso show (por sobre los testimonios de los entrevistados), con conceptos retrógrados, machistas e ignorantes.

Esta es nuestra selección de impacto conforme al lenguaje y convicciones de la editorial de TVN con este programa durante sus 13 años de actividad en la televisión abierta.

Aclaración: Nuestra nota pretende ser un antecedente negativo desde la sorpresa y rabia que nos produce enfrentarnos a estas declaraciones y positivo desde el avance que hay en los medios de comunicación y por supuesto, de nuestra sociedad, sin duda, más respetuosa e inclusiva. Aunque sea solo un poco.

La Berenice 

Esta es la historia de una joven de región que en 1990 llega a Santiago como muches otres a trabajar a la capital. Como manipuladora de alimentos en una fábrica y luego como empleada doméstica y niñera. Fue allí cuando la Berenice cometió su inocente crimen: sentirse madre. Sin la intención de contar antes el final, el relato de Pinto raya en lo ignorante y el sesgo transfóbico. Desconociendo una verdad tan recurrente, tan liberadora como la identidad de ser. 

“Solo cabe en la mente de un homosexual” Es una de las frases del señor Pinto durante este episodio que duele por la lente con la que se le mira, por que ni Berenice tenía palabras para explicar lo que era pero que lo defendía con un amor que nos emociona. La crudeza con la que su familia la desechó y el amarillismo con el que la prensa la trató.

Pedro Lemebel, también le dedicó, uno de sus escritos titulado “Berenice (La resucitada)”:

Así mismo los encontró la policía, ovillados en la noche del desamparado amor. Apenitas empezado el cuento, apenitas recién cerrados los ojos, cayó el telón para la Berenice apresada en el sobresalto de su captura. Pero casi ni se inmutó, como si despertara a un final de fiesta conocido. Congelada para la foto del diario, entregó al baby como si devolviera un juguete prestado. No hizo teatro, le echó los dulces en los bolsillos, envolviéndole su capa de Batman, su espada de Ultramán y el sombrerito de huaso. No derramó ni una lágrima, le dijo adiós levemente, sin drama. Y solamente se guardó el conejo de trapo, llevándose el olor de su sueño en la piel mojada del peluche. 

El desencuentro

Esta es la historia de Leslie, una joven que vivió siempre el abuso y la soledad, encontrando en la calle un refugio peligroso que la hizo alejarse de casa a los doce años. Comenzando así, su carrera como prostituta siendo menor de edad.

El relato desde su inicio parece neutral, contándonos sobre la vida de esta niña pero que a medida que avanza, los juicios de Pinto y el programa, se expresan de forma más directa.

Es así; casi por remate sensacionalista nos revelan que Leslie para efectos binarios y “legales” era más bien, Roberto Sepulveda Peréz, encasillándola como travesti. Palabra que por lo demás hace solo un par de años, producía un efecto exacerbado de confusión y sesgo.

La inocencia con la que Leslie exige su derecho a ser tratada como lo que es, una mujer, y el tratamiento que Carlos Pinto le da a la entrevista no deja más que en evidencia su postura, por lo menos en esa época, de transfobia. Sumado, por supuesto, al relato de un médico, especialista en genética; hablando del valor de la masculinidad y femineidad y de la ausencia de estas “enseñanzas” en la formación de Leslie. ¡Horrible!

Y es que luego de conocer a Leslie, Carlos se adentra en su mundo para conocer en detalle a un grupo de prostitutos LGBTQ+ que ejercen en el centro de Santiago de forma organizada haciendo un doble clic a estos jóvenes como portadores de VIH, cosa que nada tiene que ver con lo que hizo Leslie ¿Cuánta manipulación Carlos?

Pedro Lemebel, también le dedicó una de sus crónicas. Titulada “El rojo amanecer de Willy Oddo (o el rasguño letal de la doncella travesti) y que puedes leer aquí.

El toro de Quilamuta

La historia de este hombre apodado “El toro de Quilamuta” se basa en una crónica de una bestia, de un criminal sin empatía que consigue sus objetivos a punta de violencia.

Así, el toro nos demuestra que la brutalidad es real. El mal por el mal, quizás por culpa de una infancia corrompida por el padre alcoholico y maltratador o solo un cerebro psicópata con una lista larga de golpizas, robos y violaciones.

Lo curioso sobre el tratamiento de este capítulo son las preguntas condicionadas de Pinto hacia una de las víctimas del toro que además es su ex pareja. Así, en el minuto 40:47 se lanza esta frase que evidencia su machismo: “pero no es un poco extraño una violación con una persona que conocía hace poco y con la cual ya había tenido relaciones, ¿Te parece aún así una violación?”.

Eso no es todo, cuando Carlos Pintos se entrevista con el toro, éste comienza un cuestionario básico para el criminal haciendo énfasis en sus violaciones dentro de la cárcel llamándolos “actos sodomistas”. Por supuesto, con un dejo de homofobia ya que el origen de esta palabra se basa en el cristianismo que se deriva de la supuesta historia bíblica sobre la destrucción de Sodoma y Gomorra, haciendo claras referencias a comportamientos sexuales diferentes al coito vaginal, descalificándolos y castigándolos. Sin embargo, las actitudes del “toro” no tienen nada que ver con la homosexualidad sino con su alto nivel de psicopatía.

Un peligro a todas luces. Calculador, de sangre fría y capaz de todo.

El incidente

En Pedregoso, IX Región, comienza está historia con data de 1979 que cuenta la experiencia de Olegario en la capital.

Este joven con las ansias de buscar un mejor futuro, encuentra trabajo en Santiago como auxiliar de aseo en el Tren Metropolitano.

“Su condición de novato y fundamentalmente de mapuche eran escollos que debía superar si quería avanzar en sus propósitos” ¿Enserio? Condición de mapuche, es la frase que elige Pinto para sumar a su narrativa en etapa de desarrollo. Si bien, el Chile en dictadura e incluso el actual no ha dejado de discriminar a nuestros hermanos mapuches. El contexto en el que se desarrolla esta historia es un escenario difícil y de suma segregación, categorizando a los ciudadanos de la tierra como de segunda categoría. En este caso el relato del periodista no lo hace más fácil tampoco, haciendo siempre énfasis en el origen de los involucrados como detonante de sus comportamientos.

El crimen perfecto

Esta historia comienza con un cabro del Zanjón de la Aguada, una novia, su primer hijo y una amistad que termina en crimen.

“Con toda seguridad, la falta de un referente paterno en el hogar, condicionó a este joven a desarrollar una personalidad permeable a cualquier conducta donde el placer aflore con facilidad”. Es una de las frases iniciales del periodista para definir a Fernando. Atribuyendo el asesinato cometido por este último como una de las razones de los fracasos y violencia de este joven.

Este capítulo llama la atención de lo visto hasta ahora ya que el protagonista no es entrevistado en la cárcel como se acostumbra si no que es él mismo quien se entrega a través de la producción del programa contando en exclusiva su crimen, que a todas luces, pudo ser perfecto. La influencia de Mea Culpa sobre sus televidentes y el manejo amarillo de los horrores de algunas personas expuestas en tv no dejan de sorprender. Finalmente la televisión desde siempre juega con el dolor ajeno.

El incendio

Viña del Mar, 1994 y en el episodio 8 de la octava temporada de Mea Culpa, conocemos la historia de Luz Heresmann, una joven de 17 años cuyo error fue la falta de autoestima. Motivo que la llevó sin querer y de forma colateral, asesinar a sus abuelos, hermano y primo pequeño; dando como resultado una sentencia de 10 años y 1 día.

“Esta joven y su amiga, han negado rotunda y enfáticamente cualquier atisbo de relación extraña entre ambas, sin embargo, su abuela duda y por lo mismo no está dispuesta a fomentar en su propia casa esta conducta antinatural”.

Así, el director del programa hace su ya clásica intervención antes del crimen para dejar en clara su propia postura frente a las relaciones lésbicas haciendo uso de la “naturaleza” como única vía sexual.

El Guardia

Temporada 11 y al parecer aún no cambiaba nada en el Chile del 2005. Con los conocimientos de la salud mundial sobre el VIH, contagio y precauciones. Mea Culpa, decidió en el tratamiento de este episodio dar énfasis en la bisexualidad del protagonista como la razón de su contagio.

“Marcelo Olguín era portador del virus del VIH y no se había dado cuenta. Esto si bien, fue un golpe para él, es también la respuesta lógica a su vida licenciosa. Donde además de su bisexualidad, jamás tuvo precaución alguna al tener relaciones sexuales”. Sentencia el animador.

No conforme con esta linea, al momento de la entrevista con el victimario, el señor Pinto hace constante hincapié en la sexualidad de Marcelo y de su condición de paciente de VIH desde una mirada profundamente sensacionalista. Mira el minuto exacto aquí.

Ella empezó a los trece años 

Esta es una historia que nos demuestra el machismo del sistema judicial y la penalización de las mujeres ante casos como el de Vanesa. Una niña que se vio envuelta en el círculo de la pobreza, el abuso y en un Chile mucho más desigual.

“La ausencia de un hombre en casa que pusiera orden, autoridad y rigor, en este sentido comenzaba ahora a manifestar sus primeros resultados”. Esta es solo una de las frases que Carlos Pinto usa para describir la historia de esta niña de solo 13 años que comienza el oficio de la prostitución. Forzada por la situación económica de su familia, sumado a su rol como madre adolescente. Se cierran las puertas de un futuro diferente.

La justicia sesgada de poder y espantada por la actividad de Vanesa, toma esta última información como un extra al crimen del cual no tuvo participación directa y así, con solo 16 años es sentenciada a 10 años por el delito de robo con homicidio. El programa por su parte también, se enfocó en su trabajo y no en su presencia inactiva de un asesinato. Morbo y machismo en un poco más de una hora de reportaje.

Esos niños

Esta es una de las historias más increíbles que hemos visto en las largas temporadas de Mea Culpa, y es que se trata de un caso horrible de abuso sexual y sicológico a una niña de 13 años que crece dentro de este círculo de violación.

Una menor de 13 años, quien es abusada por su padrastro y producto de esto, se convierte injustamente en madre. El suceso en sí es bastante pertubador pero se oscurece aún más con la narrativa del periodista que declara: “De esta supuesta violación, la niña tuvo un hijo, pero por miedo no reconoció al victimario que entendió aquello como una señal equivoca para seguir con esta doble relación”. Primero, la niña fue efectivamente violada y segundo, el ultraje sexual y sistemático a una menor, jamás se podrá denominar como relación.

Conforme avanza la historia, aumenta la angustia y rabia por el brutal camino que debe atravesar esta pequeña. Su violación, su maternidad prematura sin ninguna opción de aborto y el síndrome de Estocolmo hacen en ella una combinación que la llevará a cometer actos impensados. El nivel de manipulación del violador, su violencia y rasgos de un hombre básico que no reconoce su delito; por intentar verbalizarlo, horroriza.

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